La huelga general, ese clamor popular

Desde que explotó la burbuja hipotecaria yanqui, cuya onda expansiva llenó de mierda a todo el mundo y arrastró de manera fulminante nuestra particular burbuja inmobiliaria, la evidencia de que el capitalismo se enfrenta a una situación que podría hacerlo desaparecer para siempre nos ha colocado en un escenario sin precedentes al que en general me parece que nos enfrentamos de dos maneras distintas:

La pesadilla de la que queremos despertar: No pocos habitantes privilegiados del norte, de las áreas más o menos centrales del planeta, nos desenvolvíamos mejor o peor, pero íbamos tirando, muchos de nosotros con holgura suficiente. Ese y otros motivos han hecho que perdamos nuestra conciencia de clase trabajadora y llevemos años pensando que somos la clase media, los mejores, sí, los que soportamos con nuestros sufridos impuestos los gastos sociales para que otros no trabajen y vivan del cuento. Y ahora que casi todo se va al carajo, anunciando el desmoronamiento total de lo que entendíamos como el mejor, aunque no perfecto, de los mundos posibles, queremos que se trate de una circunstancia coyuntural, que el sistema no sea esto de ahora sino lo otro de antes, que lo de hoy sea una pesadilla, que cerrando los ojos y tapándonos los oídos hasta que todo pase, despertaremos, y todo volverá por fin a ser como antes: crecimiento económico, ladrillo-refugio, vivienda-inversión, pleno empleo masculino técnico, créditos rápidos anunciados en TV, vacaciones, consumo desaforado… aunque tengamos que mantener a unos cuantos parásitos sociales (parados, inmigrantes, pensionistas, subsidiados… y clase política, ¿no?), por favor, sí, queremos ser como antes, prometemos no protestar ni refunfuñar a diario, ni clamar al cielo cuando mensualmente vemos el descuento de IRPF en nómina, ni darnos a los mil millones de demonios cuando anualmente mirábamos el borrador de la declaración… Realmente pocos quedan ya que estén puedan creer que esos días volverán, pero el miedo al caos, al desempleo, al impago, al desalojo, a caer por la pendiente pronunciada y oscura que lleva de la clase media a la clase baja, a la exclusión social… los hace creer (más bien desear amargamente) que algo va a cambiar, que debemos confiar en los que saben, que ellos nos llevarán, si no al mismo punto de partida, al menos a uno que siendo peor sea al menos estable, no este detestable-inestable. Un clavo ardiendo al que agarrarse. ¡Vivan las ampollas en las manos!
El fin de la pesadilla de la que queríamos despertar: Algunos sin embargo siempre creímos que el sistema capitalista es una basura, antes y ahora, pensamos que lo que vivimos ahora es peor que lo anterior, bien, pero que se trata de una oportunidad real para salir de la ya para la humanidad casi eterna pesadilla del capitalismo, la depredación, la violencia, la explotación, la miseria… Ahora hablamos, ahora no se nos ríen en la cara, no nos gritan «¡radicales!», como si ser radical fuese algo chungo, cuando etimológicamente apunta a la ‘raíz’, políticamente a la raíz de los problemas. Los moderados son los que se andan por las ramas y yo me siento orgulloso, ahora y siempre, de ir a la raíz de los problemas, de no andarme por las ramas. Y ya basta de andarse por las ramas: que si los mercados, que si los déficits, el gasto público, la rigidez de la legislación laboral… la raíz es el capitalismo. Y es el capitalismo lo que tenemos que destruir, nada de apuntalar, mejorar, humanizar, refundar ni reformular el sistema. Patada en el culo, extirpación radical (desde la raíz). Salimos del túnel del capitalismo y se ven los brotes verdes, pero los brotes verdes que yo veo a los políticos les dan escalofríos: desobediencia, huelgas indefinidas, sin respeto por unos servicios mínimos abusivos, autogestión, decrecimiento, clamor popular, movilización y una huelga general a tres meses vista que tenemos tiempo de orientar hacia un proceso necesariamente transformador para evitar que se quede en un acto testimonial de entierro de la clase trabajadora de este país y de sus dos organizaciones sindicales institucionalizadas.

En lo que a mí respecta, desde hace dos años, en cada manifa, en cada concentración, comienza alguien, a veces yo mismo doy la primera voz, oigo insistentemente «¡Nos hace falta ya, una huelga general!». Ya la tenemos. Será el día 29 de septiembre. No hay que desperdiciarla, no hagamos de ese clamor popular por un arranque a la superación del capitalismo un desfile absurdo de banderitas de plástico agitadas por liberados a los que ni siquiera van a descontar en nómina el día de lucha. Que sea el inicio de algo que está por ver qué será. Y actuemos con inteligencia: somos más, pero lo que nos da fuerza y es que además somos más inteligentes.
CGT-Andalucía

Anuncios

Una respuesta a “La huelga general, ese clamor popular

  1. Apoyo al Kiko!! A la Huelga y a lo que haga falta. El sistema ya no es que esté agotado, sino que es una mentira completa. La teoría macroeconómica sobre la que se sustenta la toma de decisiones es equivocada y está más parcheada que el panatalón de montaña de Kiko.
    Hay formas de hacer economía que no supongan una verguenza y que busque la felicidad y el bienestar en luagr de la maximización de todo… beneficios, riquezas, consumo y su granputamader.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s