Radio Pocopán: 1987-1996

Tal como os comenté en la anterior entrega de Radio Pocopán, a finales de los ochenta nos sentíamos, al menos yo, un poco perdidos en todos los sentidos, pero especialmente en lo musical. Ya tenía una trayectoria larga y varios cajones llenos de cintas, originales y grabadas, y acababa personalmente de llegar al vinilo (qué fatiguita para pasar del radiocasete al equipo de música, oye, más de diez años) cuando ya sacaron el compact disc. También guardaba en la memoria unas cuantas de chavalas que había dejado en el camino, demasiadas borracheras sin sentido y paseos por diverso tipo de drogas que me dejaron los nervios algo descolocados, un sentido trágico de la posadolescencia un poco trasnochado, demasiadas preguntas sobre el sentido de las cosas, demasiado poco sexo para mi gusto y un futuro poco claro en todos los terrenos (social, político, afectivo, relacional, sexual, laboral, económico).

De la época de la movida solo me quedé con 091, son cuestiones personales, no espero que a nadie que no los viviera les guste, para mí queda la ansiedad con que esperábamos cada año o dos su nuevo disco y su nueva gira, pues si los discos eran buenos, los directos eran mejores aún. De hecho puedo comenzar esta época para Radio Pocopán con el que para mí fue el paso de los 091 de un sonido estándar tipo movida de los ochenta a su estilo ya realmente propio (y único a mi entender), el pop-rock-granaíno, que se inaugura con su tercer trabajo largo, de 1988, Debajo de las piedras, del que destaco, por destacar algo para este post no con pretensión de colgar medallas de mejor tema, el temazo “La Torre de la Vela”, en esta versión en directo que he encontrado en Youtube que es una joyita y que a muchos no os dirá nada y a otros nos dice demasiadas cosas como para que no se nos coja un pellizquito aquí en la tripa:

Pero claro, tener a los 091 como bandera musical era una postura algo nostálgica, ya a inicios de los noventa te sentías un poco desfasado si andabas dando la tabarra con ellos. Aparte de que no llenaba del todo, qué queréis que diga.

Pero de repente saltó la sorpresa, cuando ya andábamos desempolvando los discos de Led Zeppelin y de Jimmy Hendrix aparecieron dos panoramas distintos que nos dieron horas y horas de buena música y sorpresas.

El primero de ellos al otro lado del oceáno, en el país de las barras y las estrellas, qué le vamos a hacer, y, aunque había movidas interesantes en otras ciudades, de repente nuestra atención, nuestros oídos e incluso nuestros ojos, ya antes orientados hacia Yanquilandia, se dirigieron concretamente hacia Seatle. Uffff, el grunge, de repente éramos la Generación X, desubicados, descolocados, desorientados (incluso no pocos además desclasados, aunque yo nunca he dudado del potencial revolucionario de mi clase, la clase trabajadora, ni de mi pertenencia a ella), pero con un gurú propio, Kurt Cobain, y un grupo fetiche, los Nirvana.

Que sí, que me gustan más los Pearl Jam. Que sí, que los hay mejores que Nirvana. Mucho. Que sí, que por los Pixies, de la otra punta del país, tengo delirio. Que los Sonic Youth, que los Dinosaur Jr., que los Hüsker Dü, que los Fugazi… Que vale, que estaba tan colgado el tío que se metió una ráfaga en la cabeza dejándonos de nuevo con las patas colgando. Pero “Smells Like Teen Spirit” (de Nevermid, 1991) es algo más, es un himno, en el más amplio sentido. Era el himno del grunge, y el grunge era volver a encontrar un sentido, volver a disfrutar de guitarras, bajos y baterías sin tener que desempolvar los 70 o reventarte los tímpanos con los millones de variantes del heavy a la busca de algo realmente tragable o escuchar una y otra vez la misma chapa reivindicativa en versión de un grupo radical o de otro o de otro más (ya sabéis todo grupo de rock radical que saca un disco le dedica un tema a la legalización del hachís, otro al paro, otro al racismo, otro a los toros, otro a la revolución, si no le dedican algo al Che Guevara se lo dedican a Durruti, depende de si son marxistas o anarcos… y musicalmente se parecían todos mogollón en aquella época… luego vino el mestizaje y la escena radical mejoró un montón, en otro post hablaré de ese tema si me entran ganas). En definitiva, una movida tan buena que os voy a tener que colocar también aquí a algunos de mis favoritos, por ejemplo los grandiosos Pearl Jam (del Ten, de 1991, “Once”, que es la que abre el disco, aunque antes se oye un pequeño corte que cierra asimismo el album, “Master/Slave”, que dura 40 segundos).

Y además a los Pixies, que no son de Seatle, que además son anteriores, pero que son la rehostia; del Bossanova, de 1990, “Cecilia Ann”:

Este album lo escojo porque me incorporé a los Pixies con él, solo luego disfruté de discos que puede que sea mejores, como Surfer Rosa (1988) o Doolittle (1989), y cojo “Cecilia Ann” porque me gusta tela, porque una de las caracterísitcas de los Pixies es expresarse especialmente bien con temas instrumentales y porque al ser la primera del vinilo solo escucharla me hace revivir cada una de aquellas miles de veces que pinché aquel vinilo… hasta que se lo presté al Dani y se lo olvidó en el salpicadero de su Opel Corsa un día del verano de 1995 o 1996 y me lo devolvió derretido, la mamona 😉

Y ahora el otro escenario que me devolvió las ganas de investigar en los estantes de las tiendas y renovar mi cajón de cintas. El indie nacional. Sí, el heredero directo del pop-rock de los ochenta, el de la movida. Pero con unos planteamientos, una frescura, unas fuentes de inspiración ajenas (el mismo grunge, la música independiente yanqui en general, el punk, el britpop… también los clásicos, en fin). La verdad es que había muchos grupos, y a buena parte de ellos les dio por cantar en inglés, pero mis favoritos lo hacían en castellano y, nuevamente, mira tú que curioso, mis dos preferidos son granaínos.

Del primero de ellos, a los que llegué en su primer disco, destaco la gran sorpresa por sus letras, por la digitalización que anunciaba, por lo onírico, por lo subconsciente, por lo oscuro, todo muy nuevo… y por los tremendos guitarrazos, la brutal fuerza de la música que desplegaban… como el rock de siempre. De Lagartija Nick, de su primer LP, Hipnosis (1991), ahí va el tema que da nombre al disco:

El sonido del vídeo es guarrísimo, con unos acoples de la hostia, pero ya os podéis hacer una idea de lo que era un concierto de ellos (y sigue siendo porque este directo es de 2008, nada menos que 17 años después de que sacaran el disco).

Del segundo grupo granaíno, los inmensos Planetas, también pude desfrutar de ellos desde la publicación de su primer LP, Super 8, en 1994. De ese trabajo me quedo con “Si está bien”:

Y este tema no solo me gusta casi más que cualquier otro de Super 8. El caso es que en aquella época me compré mi primer coche (voy por el segundo y es igual de cutre que el anterior, aquel Fiat Uno que tantas fatigas tuvo que pasar) con música incorporada. Recién estrenado el coche me pasaba el día en él escuchando Super 8 y durante una expedición a Cazorla se derramó sobre el asiento trasero un tetrabric abierto, dejando más de medio litro de leche pochando en la tapicería. A los pocos días había cuajado y el hedor a roquefort en mal estado duró bastante tiempo. Cuando sonaba “Si está bien” todos coreaban cambiando la letra “Si estáááá bieeeeeen, si es tan nuevoooooooo, por qué huele asíííi, por dentroooooooooo”. En fin, no espero que a nadie le haga gracia esta anécdota tan insulsa. Pero añade sentido a mi preferencia por este tema, aunque sea un sentido tan sinsentido. Y le dio mote a mi coche: el Roquecar.

En ese mismo Fiat Uno fuimos a ver en directo… a los dos, a los Planetas y a Lagartija Nick, directamente desde el oriente lejano a Dos Hermanas.

Vale nuevamente: tanto los Lagartija como los Planetas tienen otros discos, mejores tal vez, y unas trayectorias tremendas como para quedarse con “Hipnosis” y “Si está bien”. Vale nuevamente: los Surfin’ Bichos, los Hermanos Dalton, los Anphetamine Discharge, El Inquilino Comunista… Pero me he quedado con estos dos cortes, por lo significativo… para mí. Ea.

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2 Respuestas a “Radio Pocopán: 1987-1996

  1. Suscribo todo lo dicho, pero ademas increiblemente nos gustaban por esa epoca grupejos locales infumables en lo musical, pero con cierto encanto porque los veias a tu lado en los bares o tomando litronas…Dulce Venganza, Los Picapiedra, Circulo Vicioso,Dogo y Los Mercenarios, Tiernos Mancebos, HeLio…¡¡¡ que malos que eran colega !!!.
    Pd.: El disco que se desintegro en mi corsa fue el del Inquilino Comunista, creo que todavia lo tengo guardado 😉

  2. Joder, de los HeLio recuerdo un concierto en el que coreamos sus temas, les aplaudimos, les pedimos bis… y eran los teloneros. Luego tocaron los cabeza de cartel de aquel concierto en la Sala Alkazar, Los Hermanos Dalton, y nos dimos cuenta de que por mucho cariño que le tuviéramos a nuestra banda local eran unos mataíllos, que cuatro chavales de San Fernando le acababan de dar un baño a domicilio a nuestro equipo.

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